Opinión Febrero 23, 2018

¿Qué hacemos con los perdedores?

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La balsa de la Medusa”, realizada por el pintor francés Théodore Géricault entre 1818 y 1819.

Las noticias me dicen que el mundo está cambiando. Y que dentro de 10 años se habrán perdido 800 millones de puestos de trabajo actuales.

También nos dicen que surgirán cientos de miles de puestos nuevos.

Pero hasta que eso ocurra nosotros nos enfrascamos en absurdos debates: si la solución son las ayudas sociales, si debemos cerrar las fronteras a los inmigrantes, si debemos recortar los haberes de los jubilados...

Oiga!!!

No estamos hablando de cuestiones abstractas.

Estamos hablando de seres humanos.

Yo los veo todos los días.
Los siento a mi lado.
Están aquí, entre nosotros.
Por ahí se mimetizan con el resto, se confunden con la multitud.
Se acercan a charlar, toman un café o leen el diario cada mañana.
Pero si usted se fija bien notará que han perdido el brillo en los ojos, la pasión en los gestos, la vitalidad en la mirada.

Algunos, es cierto, se acostumbraron a vivir de la dádiva estatal. Otros se conforman con ser ñoquis apadrinados por un político amigo.

Pero están los otros, la gran mayoría, las víctimas de la modernidad, de la globalización, del mundo de la "eficiencia".La mayoría son hombres y mujeres aún jóvenes para producir. Y para vivir.
Pero han perdido su lugar en la vida.Aunque aún no lleguen a los cincuenta y las estadísticas digan que nuestras expectativas de vida rondan los 75 años.
Aunque aún no lleguen a los cincuenta y los sistemas previsionales concedan jubilaciones a los 65...


Mal que nos pese son las víctimas de este nuevo mundo que se ha pergeñado.
Un mundo que entra prepotentemente en todos los países, en todas las ciudades, en todos los pueblos.
Entra hasta en aquellos sitios donde quien queda afuera es un muerto en vida.
Donde la vida no da revancha.Donde nadie se detiene a esperar al que camina más lento.Un mundo donde las tapas de las revistas las ocupan las modelos de 20 años o los súper deportistas. Donde todas las sonrisas son brillantes, los dientes parejos, la vista perfecta y el sexo urgente.Un mundo en el que quién perdió el tren a los 45, en el mejor de los casos, sólo tiene ante sí un destino de kiosquero de barrio.

A veces, cuando recordamos nuestra niñez, cuando pensamos en la vida de nuestros padres o abuelos, nos preguntamos:
¿Era necesario tanta rapidez en el cambio? ¿Era necesario tanto progreso junto?Pero no hay tiempo para preguntas.
Porque aparece una nueva máquina y deja a diez personas sin trabajo. Que es como dejarlas sin presente y sin futuro. Porque cuando la máquina suplanta el trabajo humano, ese trabajo no existe más para los humanos. Sólo es trabajo para máquinas.
Porque viene el megamercado y cierran cien pequeños comercios.
Y ya no hay posibilidades para ese comerciante. No le ofrecerán un pequeño kiosco en el megamercado. Ni la gerencia de la sección fiambrería o el departamento de tiendas.


Y, claro, todos evitan entrar en ese mundo de perdedores.

La batalla es cada día más difícil. Todos desesperan por un cargo en la justicia con trabajo de lunes a viernes, buenos sueldos y sin preocuparse por despidos o impuestos.

Todos desesperan por cargos nacionales en la Aduana, en la AFIP, asesorar a un diputado o un concejal, aunque más no sea entrar en una repartición perdida en el inmenso organigrama estatal.

Cada día salen a la calle en busca de un pariente, un amigo, un conocido que a su vez sea amigo o conocido de un influyente que los saque del mundo de perdedores.

Pero son pocos los que lo consiguen. La mayoría seguirá caminando en ese mundo de perdedores. Un mundo donde se vive sin nadie que los admire.

Ellos -los perdedores- ya no sueñan con ser tapas de revistas ni vivir el gran amor.
Se conforman simplemente con un lugar en la vida.
Un mimo, una sonrisa, quizás simplemente recuperar una caricia.Alguien dirá: hay miles de nuevas oportunidades. De acuerdo.
Pero no todos están preparados. Los educadores pensaron sólo en los años de educación formal. Hablan de ingreso irrestricto pero nada saben de preparar para nuevos trabajos.

No es fácil rehacerse después de haber perdido.
Y no es fácil que alguien dé oportunidades a los 50.Lo cierto es que los perdedores están aquí, entre nosotros.Y este es el gran desafío que, como sociedad, tenemos.
No alcanza con que los números macroeconómicos digan que estamos creciendo, que aumenta la riqueza.
No nos tranquiliza el hecho de que el problema sea universal.

Todos sabemos que no es solución la ayuda permanente de un Estado que cada día cumple peor los servicios que le competen.

Tampoco podemos dejar que sean los narcos los que den "trabajo" a nuestros jóvenes.

Es hora de plantearnos un país en serio.

Estoy seguro que si viviera mi abuelo inmigrante podría darnos más respuestas que todos los masters de Chicago.

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SOBRE EL AUTOR

Acerca de Juan Carlos Bataller
Juan Carlos Bataller es periodista.
Preside la Fundación Bataller y conduce desde 2.002 el programa televisivo La Ventana que se emite de lunes a viernes en horario central por Telesol.
Además es columnista de El Nuevo Diario, medio que creó en 1.986 y director general de Bataller Contenidos.
Autor de una decena de libros, algunos de ellos premiados nacionalmente, fue secretario de Redacción y corresponsal en Italia y el Vaticano de Diario Clarín de Buenos Aires y redactor de Diario de Cuyo.
Participó, además en varios programas televisivos y radiales en San Juan, donde reside.
Declarado Vecino Ilustre de la Ciudad de San Juan, Juan Carlos ha recibido numerosas distinciones nacionales y provinciales y muchas de sus obras han sido declaradas de interés provincial.
Hincha de River, fanático de San Juan, coleccionista de historias y amante de sobremesas con gente inteligente, Bataller es técnico minero y pasó por las aulas de Ingeniería y Derecho antes de enamorarse de la profesión de periodista, un "metejón" que ya superó las cuatro décadas.

SOBRE EL BLOG

Periodismo y algo más
No hay dudas que el periodista es un historiador del futuro. En las filmaciones, grabaciones y escritos de hoy hurgarán dentro de algunas décadas jóvenes intelectuales apasionados que intentarán explicar la historia de estos años.
Pero atrás de lo que se escribe o dice, hay miles de historias, anécdotas y aspectos de la vida cotidiana que seguramente estarán ausentes de las futuras crónicas por el simple hecho de que nadie las contó.
Unir las opiniones y entrevistas a la historia menuda es lo que se propone este blog “Bataller intimista”, en el que nada humano es ajeno y que queda abierto a todos los que quieran enriquecerlo.