Opinión Diciembre 09, 2016

El ascensor hereditario

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Dibujo Miguel Camporro

Hubo un tiempo en el que los logros personales, el ascenso social o económico, la posibilidad de mejores trabajos u oportunidades eran frutos del trabajo, el estudio, el esfuerzo.

Saquémonos la careta.

Hoy nuestras sociedades han entrado en una era de oportunidades basadas en otros valores. Aunque esta tendencia afecta a todas las edades, los más perjudicados son los niños y los jóvenes.

Si uno charla con jóvenes egresados advierte que tienen escasas expectativas de encontrar trabajo, emanciparse y crear un hogar. En algunos casos, porque no les interesa. Pero en otros porque es difícil convencerles de que si se esfuerzan las cosas les irán bien.

En otras palabras: la mayoría de las personas piensa que ya no es el mérito, sino la suerte o el acomodo, lo que decidirá su futuro.

Vuelvo a insistir: saquémonos la careta.

Hoy la vía más eficaz para encontrar trabajo no son las oficinas de empleo ni el envío de currículos a las empresas, sino la red de relaciones familiares y de amigos que trabajan y la política.

Por lo tanto, si una persona tiene la mala suerte de vivir en un entorno familiar y social en el que hay desempleados, difícilmente logre un puesto de importancia. Basta analizar lo que ocurre a nuestro alrededor para advertir que es muy difícil llegar a juez si no se tiene contactos familiares o políticos.

No son generalmente los mejores los que llegan a una cámara de legisladores o a un ministerio.

Hasta para aspirar a un cargo en la universidad valen más los contactos que los conocimientos.

Y es en este punto donde debemos plantearnos algunas cuestiones.

Una de las características de esta Argentina de inmigrantes fue siempre el funcionamiento de una especie de ascensor que posibilitaba que el hijo de inmigrante fuera profesional, que ese profesional pudiera llegar a los más altos cargos como fruto de su esfuerzo, que las fortunas fueran hijas del trabajo, que el reconocimiento social fuera producto de la elevación cultural y educativa.

No es casual que haya una generación que con orgullo antepone a su nombre su título universitario, algo que no se usa en los países desarrollados. Pero es una forma de decir, yo soy el doctor, el ingeniero o el magister aunque naciera hijo de un almacenero.

Esto cambió.

Todo da a entender que en las últimas décadas el ascensor social ha dejado de funcionar. Aquella época en la que los hijos tenían más oportunidades que los padres, parece haberse agotado.

Hoy los chicos no quieren que le digan doctor. Quieren ser jugadores de futbol, modelos publicitarias, conejitas de efímera fama televisiva. Es más, hay miles de “soldaditos” que admiran más al dealer que les vende la droga que al padre que se rompió el lomo trabajando.

¿Cuáles son las causas de que el ascensor social haya dejado de funcionar?

Que lo digan los sociólogos?

Pero a groso modo podríamos decir que una de las causas es la creciente desigualdad de ingresos. La desigualdad ha pasado a ocupar la escena del debate público en nuestras sociedades. Y será así durante algún tiempo, porque la nueva revolución industrial de las máquinas inteligentes, la robótica, puede aumentar el desempleo y la desigualdad.

Pero, con ser importante, la desigualdad de ingresos no es la única causa.

El ascensor social se ha parado porque han surgido otras desigualdades que han dañado su motor. En particular, la desigualdad en el acceso a dos tipos de bienes que son esenciales: la salud y las oportunidades que mejoran la habilidad y las capacidades de las personas para progresar.

Los niños de familias con mayor poder o riquezas tienen más horas de escolaridad, estudian idiomas, viajan más, hacen más deporte. Todas esas actividades aumentan su habilidad y su capacidad para tener más oportunidades en la vida. Ya no es el esfuerzo o el mérito de cada uno lo que importa, sino las oportunidades que su familia le ha podido dar.

¿Cómo podemos llamar a este proceso?

Ya no existen palabras en el viejo diccionario político. No podemos hablar ni de capitalismo ni de comunismo ni de socialismo. Una prueba es que también el ascensor social no se basa en la meritocracia en países de distintos signos políticos, llámense Estados Unidos, Cuba, Rusia o China.

Alguien sostiene que estamos ante un nuevo ascensor hereditario.

La pregunta es ¿por qué la democracia, es decir, el ejercicio de la voz y del voto por parte de los ciudadanos, no ha conseguido hasta ahora frenar estas tendencias?

Un amigo sostiene que quienes llegan al poder tienen más interés en defender sus privilegios que en propiciar un regreso a las fuentes. ¿Por qué cambiar un sistema cuando soy el beneficiario?

Un tema para preocuparnos y ocuparnos. Difícilmente una sociedad crezca cuando se ha roto el ascensor social y sea más fácil hacer dinero con un revolver o vendiendo droga que con trabajo, conocimientos y esfuerzo personal.

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SOBRE EL AUTOR

Acerca de Juan Carlos Bataller
Juan Carlos Bataller es periodista.
Preside la Fundación Bataller y conduce desde 2.002 el programa televisivo La Ventana que se emite de lunes a viernes en horario central por Telesol.
Además es columnista de El Nuevo Diario, medio que creó en 1.986 y director general de Bataller Contenidos.
Autor de una decena de libros, algunos de ellos premiados nacionalmente, fue secretario de Redacción y corresponsal en Italia y el Vaticano de Diario Clarín de Buenos Aires y redactor de Diario de Cuyo.
Participó, además en varios programas televisivos y radiales en San Juan, donde reside.
Declarado Vecino Ilustre de la Ciudad de San Juan, Juan Carlos ha recibido numerosas distinciones nacionales y provinciales y muchas de sus obras han sido declaradas de interés provincial.
Hincha de River, fanático de San Juan, coleccionista de historias y amante de sobremesas con gente inteligente, Bataller es técnico minero y pasó por las aulas de Ingeniería y Derecho antes de enamorarse de la profesión de periodista, un "metejón" que ya superó las cuatro décadas.

SOBRE EL BLOG

Periodismo y algo más
No hay dudas que el periodista es un historiador del futuro. En las filmaciones, grabaciones y escritos de hoy hurgarán dentro de algunas décadas jóvenes intelectuales apasionados que intentarán explicar la historia de estos años.
Pero atrás de lo que se escribe o dice, hay miles de historias, anécdotas y aspectos de la vida cotidiana que seguramente estarán ausentes de las futuras crónicas por el simple hecho de que nadie las contó.
Unir las opiniones y entrevistas a la historia menuda es lo que se propone este blog “Bataller intimista”, en el que nada humano es ajeno y que queda abierto a todos los que quieran enriquecerlo.