Opinión Noviembre 25, 2016

¿Querés ser cortista?

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Corte

Vamos a suponer que usted pretende ser ministro de la Corte de Justicia.

Lo primero que seguramente se preguntará es cuáles son los requisitos. Por ejemplo, usted imagina:

La edad: No es lo mismo un ministro de 30 años que uno de 50 o de 70. La experiencia cuenta. O tal vez más que la experiencia lo que valga es la fuerza y juventud para desempeñar el cargo.

El título: Se requiere el título de abogado. Claro –diría alguien- no es lo mismo ser un simple abogado recibido tras cinco años de estudios en una universidad pública o privada, con estudios presenciales o a distancia, con cinco años de antigüedad o 40.

Estudios complementarios: pensará usted: Tal vez un ministro de la Corte requiera de una formación académica más completa. Por ejemplo, haber realizado un doctorado. O haber hecho una maestría en el exterior.

Ejercicio profesional: ¿Qué se privilegiará? ¿El ejercicio de la actividad en forma privada?¿Haber sido consultor de grandes empresas? ¿Tener actuación en la Justicia?¿Haber desarrollado toda una carrera judicial pasando por secretarías, juzgados, cámaras?

La docencia: ¿Sumará puntos o no haber ejercido la docencia? ¿Será bueno o no haber escrito un libro?

¿Considerarán o no la experiencia administrativa? El judicial es uno de los poderes del Estado. Y como tal maneja presupuestos, conduce personal, administra recursos, contrata, proyecta, alquila, propone leyes. ¿Es necesario o no tener experiencia en ese campo? ¿Debería saber leer un balance, organizar equipos de trabajo, manejar sistemas de incentivos y castigos?

¿Será importante la especialidad? A esa instancia llegan casos de todo tipo. ¿Qué se privilegiará?

Un tema importante es el de la independencia.

Por ejemplo, ¿se privilegiará a alguien con capacidad para entender las responsabilidades del Estado en su conjunto o la íntima convicción basada en temas abstractos? Un ejemplo: quizás haya elementos de peso para declarar la inconstitucionalidad de la emergencia económica tras tres década pero… ¿el Estado podrá absorber de un momento al otro todas las sentencias sin poner en riesgo las arcas provinciales?

Finalmente es importante la capacidad de comunicación. Un ministro de la Corte –seguramente- deberá estar en contacto con la gente, dar conferencias, enfrentar al periodismo, charlar con instituciones, etc.

Seguramente usted buscará ejemplos: Naturalmente, las exigencias para ser ministro de Corte Suprema pueden ser mayores. Pero sirven de ejemplo para el caso.

Eugenio Zaffaroni fue hasta hace poco ministro de la Corte. Se lo puede discutir desde el punto de vista de su pensamiento pero veamos sus antecedentes:

juez, jurista y criminólogo graduado de abogado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales en la Universidad Nacional del Litoral y uno de los referentes máximos en la teoría del delito desde la concepción finalista.

Fue juez penal, convencional constituyente de la Nación, legislador de la Ciudad de Buenos Aires e interventor del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). Desde 2016 se desempeña como miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Fue becario de la OEA en México y de la Max Planck Stiftung en Alemania.

Es considerado el más destacado y leído tratadista de la ciencia penal iberoamericana. Ha sido reconocido como doctor honoris causa en universidades de diversos países y premiado reiteradamente por su labor científica y en favor de los derechos humanos.

Sería imposible en esta columna mencionar la cantidad de cargos que ha desempeñado en distintos ámbitos. Pero podemos señalar el de vicepresidente de la Asociación Internacional de Derecho Penal, sus cargos docentes en casi todos los países de Latinoamérica y España y sus doctorados honoris causa en una veintena de universidades. Autor de 25 libros, su obra Derecho Penal, Parte General, en coautoría con Alejandro Slokar y Alejandro Alagia, alcanzó la cima de ventas y de uso en universidades latinoamericanas en tiempo récord.

Olvidemos a Zaffaroni y veamos una cortista de Mendoza: Aída Kemelmajer de Carlucci, que fue miembro de la Corte Suprema de Justicia de esa provincia. Es doctora en Derecho, miembro de las Academias Nacionales de Derecho y Ciencia de Buenos Aires y Córdoba, Academia Argentina de Ética en Medicina y Asociación Argentina de Derecho Comparado. Es también miembro honoraria de la Real Academia de Derecho y Legislación de Madrid, España. En 2016 recibió el Premio Konex de Brillante como la más destacada personalidad en Humanidades de la última década en Argentina, una de las máximas distinciones que se otorgan en dicho país en la actividad de las ciencias sociales.

Es profesora titular de la Cátedra de Familia en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo. Es profesora contratada en las Universidades de París, Génova y Boloña y es profesora honoraria de las Universidades de San Marcos y San Martín de Porres en Perú. Es también profesora honoraria de las universidades argentinas del Nordeste del Chaco y del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires; de la Universidad Empresarial Siglo XXI, de la Universidad Abierta Interamericana, de la Universidad Nacional de La Pampa y de las universidades extranjeras de San Marcos, San Martín de Porres; Señor de Sipán, Chiclayo y Cajamarca (Perú), Universidad del Externado (Colombia); Universidad Interamericana de México; profesora invitada de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

Lleva pronunciadas más de mil cien conferencias en Argentina, Alemania, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Dinamarca, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Grecia, Honduras, Italia, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Rumania, Sudáfrica, Uruguay y Venezuela; dictó más de cuatrocientos cincuenta cursos de postgrado en Argentina y el extranjero.

Tiene publicados 27 libros, muchos en colaboración con otros autores y más de cuatrocientos cincuenta artículos monográficos en todo el mundo.

Basta:

¿Cuáles son los requisitos para ser cortista en San Juan?

Ser argentino, nativo o naturalizado, con 10 años de ejercicio de la ciudadanía, poseer título de abogado y tener 10 años de ejercicio profesional y 30 años de edad.

Olvídese de todo lo que hemos escrito hasta ahora. Y anótese sin temor. Recuerde: es importante tener un buen padrino.

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SOBRE EL AUTOR

Acerca de Juan Carlos Bataller
Juan Carlos Bataller es periodista.
Preside la Fundación Bataller y conduce desde 2.002 el programa televisivo La Ventana que se emite de lunes a viernes en horario central por Telesol.
Además es columnista de El Nuevo Diario, medio que creó en 1.986 y director general de Bataller Contenidos.
Autor de una decena de libros, algunos de ellos premiados nacionalmente, fue secretario de Redacción y corresponsal en Italia y el Vaticano de Diario Clarín de Buenos Aires y redactor de Diario de Cuyo.
Participó, además en varios programas televisivos y radiales en San Juan, donde reside.
Declarado Vecino Ilustre de la Ciudad de San Juan, Juan Carlos ha recibido numerosas distinciones nacionales y provinciales y muchas de sus obras han sido declaradas de interés provincial.
Hincha de River, fanático de San Juan, coleccionista de historias y amante de sobremesas con gente inteligente, Bataller es técnico minero y pasó por las aulas de Ingeniería y Derecho antes de enamorarse de la profesión de periodista, un "metejón" que ya superó las cuatro décadas.

SOBRE EL BLOG

Periodismo y algo más
No hay dudas que el periodista es un historiador del futuro. En las filmaciones, grabaciones y escritos de hoy hurgarán dentro de algunas décadas jóvenes intelectuales apasionados que intentarán explicar la historia de estos años.
Pero atrás de lo que se escribe o dice, hay miles de historias, anécdotas y aspectos de la vida cotidiana que seguramente estarán ausentes de las futuras crónicas por el simple hecho de que nadie las contó.
Unir las opiniones y entrevistas a la historia menuda es lo que se propone este blog “Bataller intimista”, en el que nada humano es ajeno y que queda abierto a todos los que quieran enriquecerlo.