Opinión Diciembre 16, 2016

El miedo al cambio

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Dibujo Miguel Camporro

Vivimos tiempos de cambios.

Algunos se producen naturalmente.

Otros son alentados por los avances científicos o tecnológicos.

Lo traumático de todo proceso de cambio son las reacciones que se producen en las sociedades entre los que propician los cambios y los que se oponen a ellos.

Para que no se piense que vemos sólo una parte del problema vamos a ser claros:

>Es absolutamente legítimo que las Iglesias hagan llegar su voz en temas que hacen a su dogma o ante posiciones sociales o religiosas.

>Es absolutamente necesario que la sociedad opine con todos sus matices ante los problemas que la afectan o son de su interés.

>Es absolutamente imprescindible que el Estado –entiéndase los tres poderes- actúe ante los problemas con independencia y sin dejarse amedrentar ni influir ni especular por opiniones de sectores.

Dicho esto, vamos al fondo del asunto.

Vivimos en un mundo en constante cambio.

Estos cambios nos enfrentan a nuevas situaciones.

No es cierto que, en la mayoría de los temas, los valores sean inmutables ni que los humanos no modifiquemos nuestras opiniones ante el avance de la ciencia y la tecnología.

Cuando uno de los sectores antes mencionados se aleja de las realidades o trata de condicionar a los otros, el resultado es que por temor o conveniencia, los humanos, individualmente, caemos en lo que se llama una “doble moral”. Es decir, decimos una cosa y hacemos otra. Y todos nos sentimos un poco más solos y desprotegidos.

En el último siglo hemos visto cambios que han hecho estremecer el tejido social de las naciones.

Imaginemos por un momento lo que fue la ley Sáenz Peña que posibilitó el voto universal (de los hombres) en la Argentina; la ley que permitió que las mujeres votaran, la lucha contra las discriminaciones en muchos países.

Aun hoy actúan en los Estados Unidos terroristas como los del Ku Klux Klan. Pero pese a todas las oposiciones un negro llegó a la presidencia de los Estados Unidos, decenas de mujeres han presidido naciones, casi todos los países tienen leyes que permiten el divorcio, mal que les pese a algunos el sexo ha dejado de ser un tema tabú, el mismo Papa acaba de anunciar la autorización de la absolución indefinida del aborto por parte de los sacerdotes.

Pese a todas las reacciones que hubo en su momento hoy la patria potestad es compartida, el nuevo Código Civil ha introducido innovaciones rechazadas por sectores conservadores no hace mucho tiempo, como la decisión unilateral de divorciarse, Argentina sancionó su ley de matrimonio igualitario, ya es mayoritariamente aceptada la fertilización asistida, etc.

Todos estos cambios han sido posibles luego de grandes debates, luchas, incomprensiones.

Y seguramente habrá otros cambios que generaran iguales debates.

Aunque no lo acepten los sectores más conservadores, desde el día en que nacemos estamos en una continua transformación: vamos cambiando el físico, las sensaciones, los pensamientos, las circunstancias, las relaciones, las actividades, las ganas, los gustos... y podría seguir.

Sin embargo, no parecemos acostumbrarnos a esto ya que en la mayoría de nosotros cualquier cosa que implique cambiar algo a lo que estábamos acostumbrados o acostumbrándonos, nos llena de ansiedad e incertidumbre.

El resultado es que reaccionamos tratando de que el cambio no se produzca, nos enojamos, luchamos para que todo siga igual y nos llenamos de fantasías caóticas acerca de nuestro incierto futuro. En realidad lo que nos provoca miedo es lo "incierto" del futuro, el no saber "qué va a pasar", y esta resistencia al cambio es lo que muchas veces nos trae problemas, no el cambio en sí.

Es bueno saber que cuando se nos cierra una puerta es porque otras se están abriendo, que la situación de cambio se presenta cuando hemos terminado un ciclo de aprendizaje, ya sea en un lugar de trabajo, en una relación de pareja, en mudanzas, en vínculos en general. Es cuando tenemos oportunidades de tomar nuevos caminos, emprender nuevos proyectos y relaciones.

Transformar cada cambio en una batalla campal es absurdo.

Una situación de ese tipo puede imperar durante un tiempo pero es imposible que se mantenga por siempre.

En el último siglo muchas cosas han cambiado en el mundo y en nuestro país. En todos los casos, hubo resistencias a esos cambios. En la mayoría de ellos los amantes del statu quo sólo lograron retrasar temporariamente los cambios.

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SOBRE EL AUTOR

Acerca de Juan Carlos Bataller
Juan Carlos Bataller es periodista.
Preside la Fundación Bataller y conduce desde 2.002 el programa televisivo La Ventana que se emite de lunes a viernes en horario central por Telesol.
Además es columnista de El Nuevo Diario, medio que creó en 1.986 y director general de Bataller Contenidos.
Autor de una decena de libros, algunos de ellos premiados nacionalmente, fue secretario de Redacción y corresponsal en Italia y el Vaticano de Diario Clarín de Buenos Aires y redactor de Diario de Cuyo.
Participó, además en varios programas televisivos y radiales en San Juan, donde reside.
Declarado Vecino Ilustre de la Ciudad de San Juan, Juan Carlos ha recibido numerosas distinciones nacionales y provinciales y muchas de sus obras han sido declaradas de interés provincial.
Hincha de River, fanático de San Juan, coleccionista de historias y amante de sobremesas con gente inteligente, Bataller es técnico minero y pasó por las aulas de Ingeniería y Derecho antes de enamorarse de la profesión de periodista, un "metejón" que ya superó las cuatro décadas.

SOBRE EL BLOG

Periodismo y algo más
No hay dudas que el periodista es un historiador del futuro. En las filmaciones, grabaciones y escritos de hoy hurgarán dentro de algunas décadas jóvenes intelectuales apasionados que intentarán explicar la historia de estos años.
Pero atrás de lo que se escribe o dice, hay miles de historias, anécdotas y aspectos de la vida cotidiana que seguramente estarán ausentes de las futuras crónicas por el simple hecho de que nadie las contó.
Unir las opiniones y entrevistas a la historia menuda es lo que se propone este blog “Bataller intimista”, en el que nada humano es ajeno y que queda abierto a todos los que quieran enriquecerlo.