Artículos Noviembre 04, 2016

La pobreza no viene sola

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Dibujo Miguel Camporro

Preste atención porque por este tema pasan gran parte de los problemas sanjuaninos.

Primer dato:

El simple crecimiento vegetativo de la población de San Juan reclama la creación de 2.500 a 3.000 nuevos puestos de trabajo por año.

¿Qué nos dice esto?

Que cada año que no se crean 2.500 puestos de trabajo, aumenta el número de desocupados.

Pero agreguele otro dato: la desocupación ronda el 15 por ciento de la población activa.

Por lo que necesitamos crear unos cuatro mil nuevos puestos de trabajo por año para, en unos diez años, solucionar ese gran drama.

Segundo dato:

¿Quiénes deben crear esos puestos de trabajo?

Está claro que debe hacerlo el sector privado, la economía en su conjunto.

El Estado puede paliar momentáneamente esa demanda insatisfecha.

Por ejemplo, dando pasantías, que son pan para hoy y hambre para mañana.

O iniciando obras públicas -diques, viviendas, caminos-, que también son soluciones a plazo fijo pues algún día la obra termina.

Pero es la actividad económica la que debe generarlos, para que la oferta se autosostenga.

Con un agravante: la sociedad es cada día más compleja en su composición por lo que no alcanza con crear puestos de obreros de la construcción o peones rurales. Necesitamos también empleos calificados para los cientos de profesionales que se incorporan a la vida activa.

Tercer dato:

Cuando la economía no puede crear los puestos que se necesita... ¿qué pasa con la gente que queda sin trabajo?

Una parte, emigra. Algunos al exterior y otros a provincias con mayor desenvolvimiento económico.

Generalmente los que se van son los más calificados.

Con lo que perdemos parte del capital más preciado con que cuenta una sociedad: nuestros recursos humanos.

¿Qué ocurre con los que quedan?

Van a engrosar las filas de la pobreza extrema, que no pocas veces se transforma en marginalidad.

Para ellos no hay posibilidades de créditos ni de viviendas ni obras sociales ni jubilaciones.

No hay alternativas que vayan más allá de una casa precaria en alguna villa, un trabajo inventado de lavacoches y no pocas veces la delincuencia.

Cuarto dato:

Lo grave es que la pobreza extrema no viene nunca sola.

Poco a poco se pierde la cultura del trabajo y aparecen fenómenos sociales preocupantes.

Con un agravante; el crecimiento de la población en esos sectores es mucho más rápido que en otras zonas.

Es común encontrar familias con 8, 10 o 12 hijos.

Con lo que se va cerrando un círculo muy difícil de romper. Pobreza extrema - mayor cantidad de hijos - mayor pobreza -menos posibilidades de superar la situación.

Ante un cuadro de estas características, lo menos que podemos hacer es tomar conciencia de esta realidad.

Cuando cierra una fábrica o una bodega traslada su línea de fraccionamiento, no estamos hablando de un problema económico solamente.

Cuando el dinero queda inmovilizado en los bancos y se reducen las inversiones, no se trata sólo de un problema financiero.

Cuando las nuevas tecnologías suplantan el trabajo humano o cuando la importación indiscriminada lleva a la ruina a una industria nacional, tampoco se trata sólo de un proceso de modernización.

Esta situación no es sólo sanjuanina. Tampoco es un tema que preocupe sólo a los argentinos.

Es un drama que están viviendo muchas naciones.

Y que no se soluciona únicamente con crecimiento económico.

La economía puede crecer y paralelamente aumentar los índices de pobreza.

Tampoco se soluciona con mayores impuestos y más ayuda social, que se transforman en un barril sin fondo.

Debemos entender que la economía tiene sus leyes.

Y que no es lo mismo crecimiento que desarrollo. Como tampoco son sinónimos la crisis económica -que es circunstancial- que los problemas estructurales de la economía.

La situación que hoy vivimos no se va a solucionar por arte de magia o por simples decretos.

No depende de un punto más o un punto menos en el índice de coparticipación federal o de una gran obra que se ponga en marcha.

Tampoco de subvenciones a un sector o de posiciones de fuerza que obliguen al otorgamiento de beneficios.

Estamos ante problemas estructurales que es necesario identificar y superar mediante políticas activas.

Si la clase dirigente piensa que alcanza con acusarse unos a otros, esto no tiene remedio.

Y ese es el gran desafío que debemos encarar, en un mundo que nosotros no pergeñamos pero es en el que nos toca vivir.

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SOBRE EL AUTOR

Acerca de Juan Carlos Bataller
Juan Carlos Bataller es periodista.
Preside la Fundación Bataller y conduce desde 2.002 el programa televisivo La Ventana que se emite de lunes a viernes en horario central por Telesol.
Además es columnista de El Nuevo Diario, medio que creó en 1.986 y director general de Bataller Contenidos.
Autor de una decena de libros, algunos de ellos premiados nacionalmente, fue secretario de Redacción y corresponsal en Italia y el Vaticano de Diario Clarín de Buenos Aires y redactor de Diario de Cuyo.
Participó, además en varios programas televisivos y radiales en San Juan, donde reside.
Declarado Vecino Ilustre de la Ciudad de San Juan, Juan Carlos ha recibido numerosas distinciones nacionales y provinciales y muchas de sus obras han sido declaradas de interés provincial.
Hincha de River, fanático de San Juan, coleccionista de historias y amante de sobremesas con gente inteligente, Bataller es técnico minero y pasó por las aulas de Ingeniería y Derecho antes de enamorarse de la profesión de periodista, un "metejón" que ya superó las cuatro décadas.

SOBRE EL BLOG

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No hay dudas que el periodista es un historiador del futuro. En las filmaciones, grabaciones y escritos de hoy hurgarán dentro de algunas décadas jóvenes intelectuales apasionados que intentarán explicar la historia de estos años.
Pero atrás de lo que se escribe o dice, hay miles de historias, anécdotas y aspectos de la vida cotidiana que seguramente estarán ausentes de las futuras crónicas por el simple hecho de que nadie las contó.
Unir las opiniones y entrevistas a la historia menuda es lo que se propone este blog “Bataller intimista”, en el que nada humano es ajeno y que queda abierto a todos los que quieran enriquecerlo.