Opinión Octubre 14, 2016

¿... Y el déficit privado?

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Dibujo Miguel Camporro

Desde hace mucho tiempo los sanjuaninos venimos hablando del déficit del sector público.

Un déficit que no es chico. Como que representa un 20 por ciento de lo que se gasta. Y que se financia con endeudamientos con todo el mundo: bancos, contratistas, proveedores, empleados.

Ahora bien: ese gasto es un cuello de botella que debemos superar. Pero... ¿alguien habla del déficit del sector privado?

¿Cómo? ¿Qué es eso del déficit privado?

Muy sencillo: es la diferencia entre lo que consumimos (comprándolo afuera) y lo que producimos. Y esa diferencia es muy grande porque el déficit se mide en desocupación, éxodo, bajo nivel de vida, atraso tecnológico, degradación de suelos, etc., etc.

Para ser más claros, vamos a ejemplos.

•San Juan consume, por dar una cifra redonda, cinco millones de dólares en combustibles. Y no produce combustibles.

•O bebemos 15 millones de litros de gaseosas por año, que vienen de afuera.

•Más de la mitad de la soda que tomamos, también se trae embotellada de otras provincias.

•Y el ciento por ciento de los automóviles, motos, camiones y camionetas que circulan y los repuestos que utilizan.

•Y el 99 por ciento de los tractores e implementos agrícolas que se utilizan.

•Y la harina con la que hacemos el pan nuestro de cada día.

•Y gran parte de la ropa con la que nos vestimos, de los zapatos que calzamos, de los muebles que tenemos en casa.

•Y todos los electrodomésticos que nos facilitan la vida y el televisor, la video, la filmadora, la computadora que tenemos en la oficina y las luces que nos iluminan.

•También se traen de afuera los medicamentos que tomamos, casi toda la leche que utilizamos, las películas que alquilamos y un gran porcentaje de los programas de televisión que vemos, incluidos los acontecimientos deportivos, que son muy caros.

•La lista no termina: los libros que leemos, los diarios y revistas foráneos, la yerba del mate y buena parte de los fideos que consumimos, el azúcar, el café, los garbanzos, la carne, los huevos, los fiambres, las conservas y hasta la reposera que tenemos en el jardín.

En una palabra: casi todo lo que consumimos, viene de afuera. Y eso significa dinero que emigra. Por eso, cada vez está más "seca" la plaza. Porque el dinero, igual que entra, vuelve a salir inmediatamente.

Pero hasta ahora hemos hablado de lo que consumimos. Y de lo que producimos... ¿cuánto viene de afuera?

Porque también en nuestros productos hay un alto porcentaje de materia prima foránea. Cada litro de vino que se vende en una cajita es un envase de tetra brick que hemos tenido que comprar afuera. Y si se trata de una botella, sea de vidrio o de plástico, en muchos casos sucede lo mismo. Y el corcho que lleva la botella o la damuajana, también se importa. Hasta el capuchón se trae de afuera.

Y lo mismo ocurre cuando cada semana hacemos este periódico para usted. Aunque un alto porcentaje es valor agregado local, las tintas, el papel, las películas, vienen de afuera.

Como también viene de afuera parte de la energía que cada día consumimos los sanjuaninos, del cloro que se le agrega al agua que bebemos, de los fertilizantes que se agregan a la tierra.

Viene de afuera la tecnología y el gerenciamiento de la empresa que nos facilita las comunicaciones telefónicas, buena parte de las maderas o las chapas que se utiliza en la carpintería de nuestras viviendas, las semillas del césped de nuestros jardines y hasta las plantas que nos alegran la vida.

Podríamos seguir hasta el infinito. Pero no tiene sentido. Entre usted a un comercio y trate de detectar qué producto es "made in San Juan". Observe en su casa todas sus posesiones y haga cuentas sobre lo que se hizo acá y lo que vino de otra parte. En una de esas sólo contabiliza a su esposa y sus hijos como productos autóctonos.

Es cierto que vivimos en un mundo interrelacionado. Es cierto que ni el país más poderoso del mundo puede autoabastecerse. Es verdad que mientras más dependiente sea nuestra economía, menor es la capacidad de ahorro y por lo tanto no son muchas las posibilidades de diversificar la economía, de aumentar la producción, de ser competitivos, de sustituir importaciones.

Pero comencemos por pequeñas cosas. Si no podemos vender para el mercado nacional o el externo, aprovechemos la ventaja competitiva que significa el flete y al menos evitemos que se vaya todo el dinero.

Porque atrás de cada producto que viene de afuera, hay trabajo que se paga a gente en otros lugares, hay rentabilidad empresaria que pagamos afuera.

Pensemos: cuando vendemos productos primarios, estamos entregando nuestros recursos naturales para que otros los terminen agregando trabajo y valor. Ocurre con nuestros vinos, el tomate, el ajo, muchos minerales…

Lo mismo ocurre cuando entregamos nuestro mercado consumidor sin contrapartida, como pasa con Directv, los supermercados que traen casi todo de afuera, las agencias de turismo que venden Bariloche, Miami o Europa pero no brindan servicios para Ischigualasto, la Difunta Correa o la ciudad de San Juan.

Y ni hablar con las universidades a distancia que han desarrollado ya casas de estudios de todo el mundo menos las nuestras.

Basta por ahora. No tiene sentido continuar con los ejemplos. La falta de iniciativas no tiene límites…

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SOBRE EL AUTOR

Acerca de Juan Carlos Bataller
Juan Carlos Bataller es periodista.
Preside la Fundación Bataller y conduce desde 2.002 el programa televisivo La Ventana que se emite de lunes a viernes en horario central por Telesol.
Además es columnista de El Nuevo Diario, medio que creó en 1.986 y director general de Bataller Contenidos.
Autor de una decena de libros, algunos de ellos premiados nacionalmente, fue secretario de Redacción y corresponsal en Italia y el Vaticano de Diario Clarín de Buenos Aires y redactor de Diario de Cuyo.
Participó, además en varios programas televisivos y radiales en San Juan, donde reside.
Declarado Vecino Ilustre de la Ciudad de San Juan, Juan Carlos ha recibido numerosas distinciones nacionales y provinciales y muchas de sus obras han sido declaradas de interés provincial.
Hincha de River, fanático de San Juan, coleccionista de historias y amante de sobremesas con gente inteligente, Bataller es técnico minero y pasó por las aulas de Ingeniería y Derecho antes de enamorarse de la profesión de periodista, un "metejón" que ya superó las cuatro décadas.

SOBRE EL BLOG

Periodismo y algo más
No hay dudas que el periodista es un historiador del futuro. En las filmaciones, grabaciones y escritos de hoy hurgarán dentro de algunas décadas jóvenes intelectuales apasionados que intentarán explicar la historia de estos años.
Pero atrás de lo que se escribe o dice, hay miles de historias, anécdotas y aspectos de la vida cotidiana que seguramente estarán ausentes de las futuras crónicas por el simple hecho de que nadie las contó.
Unir las opiniones y entrevistas a la historia menuda es lo que se propone este blog “Bataller intimista”, en el que nada humano es ajeno y que queda abierto a todos los que quieran enriquecerlo.